Las razas de El despertar de Ukhat

el despertar de ukhat

¡Hola, querido lector!

Si has llegado hasta aquí es porque mi novela El despertar de Ukhat ha removido tu curiosidad y quieres saber un poco más sobre  los personajes y las razas sobrehumanas que aparecen en la novela.

IMPORTANTE: si has cedido a la tentación de entrar a través del enlace colocado en las páginas negras de Maniac al final de la novela, pero aún no la has leído,  te aconsejo que pares. Este artículo puede destripar muchos de los misterios y sorpresas que contiene la historia.

El despertar de Ukhat es un thriller fantástico, es decir, aunque la acción se desarrolla en su mayor parte en la actualidad, las figuras mágicas y razas que aparecen, así como su origen ancestral, han salido de mi cabeza. Pero eso no significa que todo lo sea. Porque para construir el universo Hakbai estuve mucho tiempo documentándome a través de leyendas populares, mitos e historias sobre de lugares ya olvidados.

Las razas

A pesar de que si estás aquí ya habrás saboreado las bondades e ser un vahikonin o un tahikin, recordemos juntos las características de ambas razas gracias a varios extractos:

Hace miles de años existía una zona del planeta en la que mucho tiempo atrás esas primeras prácticas sociales se habían convertido en historia antigua y cuya cultura no se propagó por el mundo, entre otras cosas, porque se encontraba aislada en algún lugar del actual océano Atlántico. En ese enclave se vivía con plenitud y los seres que lo habitaban habían alcanzado un nivel evolutivo e inteligencia muy superiores a los de los contemporáneos. 

 En esa especie de edén, convivían en paz dos razas muy distintas: los vahikonin y los tahikin. 

Los tahikin ocupaban ciudades construidas en la superficie, del mismo modo que el hombre lo ha hecho a lo largo de su historia. Por el contrario, los vahikonin escondieron su sociedad en las profundidades cavernosas de la zona que habitaban, huyendo de la luz del sol, pues presentaban una alteración genética que les provocaba terribles quemaduras ante la exposición continuada de los rayos ultravioleta, cuyas infecciones posteriores podían causarles la muerte. Además, tenían una particularidad en el organismo, una deficiencia que debían suplir alimentándose de la esencia de unos animales que solo se criaban en aquellas tierras. Esas bestias, parecidas a los cerdos actuales y ahora extintas, portaban en sus genes los nutrientes esenciales que los vahikonin necesitaban para sobrevivir. Los tahikin, entre otros muchos y variados trabajos, se ocupaban del ganado que servía de alimento a los vahikonin. En cada ciudad y pueblo, poseían un área especial dedicada a este menester, y todos los habitantes colaboraban de uno u otro modo, al margen de sus ocupaciones diarias o profesión, como un servicio comunitario.

A cambio de cuidar, alimentar y conseguir que se reprodujeran las reses, los vahikonin pagaban a los tahikin con unos raros minerales provenientes de las minas subterráneas, un material que solo ellos sabían manipular y transformar. El resultado de la alquimia con esas piedras era fundamental para los tahikin, ya que, además de obtener un material de una dureza y resistencia extraordinaria, muy superior a cualquier otro, aplicando el procedimiento adecuado, poseía unas propiedades magnéticas asombrosas. Por desgracia, no existe ningún documento que indique de qué mineral se trataba y mucho menos del tratamiento al que se lo sometía para aplicar el poder a los más diversos ingenios. 

Los tahikin eran muy fuertes, el equivalente a cuatro o cinco humanos normales juntos. Muchos de ellos tenían también el don de la visión del pasado y podían influir en la mente de los animales, algo que les ayudaba en el cuidado de las reses que servían de sustento a los vahikonin. Éstos, por su parte, vieron compensadas las limitaciones con unos poderes muy potenciados: eran capaces de mover objetos con la mente, se desplazaban con la rapidez del pensamiento y también poseían una fuerza extraordinaria. Las dos estirpes presentaban una longevidad fuera de lo común, los tahikin podían vivir quizás veinte o treinta años más que un humano actual, pero eran los vahikonin los que tenían esta capacidad mucho más desarrollada.

VahIkonin
Tahikin
Hakbai

Estos pocos extractos son suficientes para comprobar que me he servido de las leyendas populares, misterios de la humanidad y seres sobrenaturales muy conocidos, Con partes de ellos he construido la antigua  civilización Raj, compuesta por los vahikonin y los tahikin. 

Pero si aún no lo ves claro, refresquemos aún más la memoria recurriendo a este otro:

En medio de este clima de crispación y malestar, ocurrió el desastre que sirvió de detonante para la guerra entre ambas razas: comenzó a llover, y lo hizo sin cesar durante semanas y con una fuerza inusitada, provocando inundaciones que anegaron tanto los pastos del ganado vahikonin como los cultivos de los tahikin. Las reses que servían de alimento a los habitantes subterráneos, que ya estaban enfermas y debilitadas, comenzaron a morir de hambre o ahogadas bajo avalanchas de barro y el desbordamiento de los ríos. Esas mismas inundaciones taponaron la entrada a aquellas minas que se habían apropiado los tahikin, por lo que estos se vieron obligados a reunirse con los vahikonin para restaurar el equilibrio perdido. Pero ellos, ofendidos por la actitud inicial ambiciosa de sus vecinos, les negaron cualquier tipo de ayuda.

Ciertos tahikin, desesperados por la falta de un material que les era imprescindible, se adentraron en las profundidades de los territorios vahikonin con la intención de robar mineral tratado de los laboratorios subterráneos. Pero fueron descubiertos, y los vahikonin que lo hicieron reaccionaron con violencia ante la invasión. Ciegos de ira y hambrientos como estaban por la falta de reses, atacaron a los intrusos y cometieron un acto atroz: se alimentaron de ellos.

Estas descripciones, junto con el relato de la destrucción total de su tierra, nos dan la clave para entender que El despertar de Ukhat describe que el origen de muchos de  los seres sobrehumanos que conocemos por la cultura popular se remonta milenios atrás, y que proceden de un mismo lugar que fue engullido por el mar.

En esta historia, he retorcido los mitos para construir un universo nuevo que enlaza las leyendas ancestrales que fui devorando en la etapa de investigación. 

En definitiva, El despertar de Ukhat es el resultado de haber metido en una coctelera los ingredientes más insospechados: el antiguo Egipto, vampiros, telépatas, dioses oscuros, leyendas antiguas y la Atlántida, todo ello aderezado con las ocurrencias salvajes de esta humilde escritora. 

Egipto
ukhat
atlantis
atlantida espiral

El raj

El raj es el idioma que compartían ambas razas en su lugar de origen y que en la actualidad ha quedado como una lengua muerta. Aparece pro primera vez en la novela con sus símbolos representados en forma de espiral, en el extraño paquete que recibe Alex en su casa.

Para construir los rudimentos de la lengua raj no me basé en ningún lenguaje antiguo. Tampoco soy lingüista, como Tolkien, por lo que no esperéis que haya declinaciones ni un estudio serio sobre el asunto que derive en cursos impartidos al lado del aula de klingon. 

Aunque el idioma tiene miga, no voy a aburriros con las típicas construcciones de palabras o frases, me limitaré a enseñaros cómo se escriben algunos términos principales.

Vahikonin
Ukhat
Tahikin
Hakbai

El despertar de Ukhat tan solo ofrece pinceladas de cómo era la tierra de los vahikonin y los tahikin, su idioma, su sacerdotisa Hakbai y el dios Ukhat al que todos veneraban.  Tendrás que esperar a la segunda parte del universo Hakbai para conocer en profundidad una sociedad tan compleja y apasionante, tanto que ha necesitado ser una de las protagonistas de la entrega, como se merece.

¡Estoy deseando!

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